Huellas en curso

A lo largo de la existencia, todos dejamos huellas: claras, oscuras, de todo tipo. Lo curioso es cómo podemos hacer que nuestro camino se dirija hacia la luz, hacia una claridad que nos confirme que nuestro andar por la vida ha valido la pena. Hay altas y bajas, sí. Hay decepciones también. Pero las enseñanzas siempre dejan huella.

Algunos dicen que hay que encontrar equilibrio entre un sinfín de factores. Cabe preguntarse: ¿será que esos factores nos dominan? ¿O peor aún, que un giro del destino, una mala decisión, puede colocarnos al filo de la navaja? Puede sonar duro, pero es absolutamente real. Una persona toma un vehículo con destino a un lugar predeterminado y, en cuestión de segundos, sufre un accidente fatal. Y allí está lo horrible: si esa persona ha tenido un buen camino por la vida, nunca sabremos si en su último momento estuvo en paz. Si hablamos de huellas, más bien cabe decir que su momento final fue íntimo y personal.

Realmente, esto de las huellas es un punto difícil de entender. Quedan asuntos pendientes cuando la persona se va. Y lo que queda después son los recuerdos, los desafíos que enfrentan los familiares, y las preguntas que nunca tendrán respuesta.

Moraleja:

Vivir y morir. Si no respetamos nuestro entorno ni caminamos con prudencia, nunca sabremos cuál será nuestro destino final.

 


Comentarios

Entradas populares de este blog